Hace poco leí un cómic, Logicomix, que contaba parte de la historia de Bertrand Russell (filósofo y matemático). Es un cómic muy interesante sobre el fundamento de las matemáticas modernas. Un tema muy duro y que jamás me ha interesado, pero el cómic me gustó y lo disfruté.
También leí hace poco tiempo La cuchara menguante. Es una serie de relatos que nos cuenta el descubrimiento de los elementos químicos de la tabla periódica. Otro tema que nunca me ha interesado, pero que no impidió que el libro me encantara y lo disfrutara.En el colegio y en el instituto no se me daban mal las matemáticas, tampoco bien. Eran algo que estaba ahí y nunca me propuse aprender nada de matemáticas por gusto. ¿Qué hacía yo leyendo un libro sobre los fundamentos de las matemáticas?
La física o la química no eran mis platos favoritos. Y el libro de La Cuchara Menguante habla, mucho, de capas de electrones y otros fenómenos que en el instutito me parecían el cúlmen de la tortura académica. ¿Y cómo he podido disfrutar un libro sobre química?
La respuesta a ambas preguntas es sencillísima. En ambos libros me han contado una historia. Me han narrado los fundamentos de las matemáticas y cómo los electrones iban dando saltos por los átomos siendo perseguidos por un ejército de químicos.